martes, 30 de abril de 2013

Capítulo 2- Un problema en la estación


  Ese beso me había dejado pasmado, en una mesa sentado, mirando al suelo, con las piernas colgando y sonriendo como si fuera un niño pequeño con zapatos nuevos. Todo me parecía de otro mundo, como si nada de lo que me rodeaba fuera real, la chica que llevaba buscando durante años, alguien especial, me había besado hace menos de cinco minutos; no más. Ella se fue al patio recreo para seguir con sus amigas mientras que yo me quedé pensando en cómo cambiaría todo, tan de repente. Un pequeño país de locos en el que mandaba un psicópata. En ese mismo momento, todos los chicos de la clase entraron y cogieron sus maletas, nos cambiábamos de clase. Me miraban con indiferencia mientras ella lo hacía de reojo y riéndose.


Al salir de clase, la estuve esperando en la salida del instituto para irnos juntos a casa, en el camino tuvimos que parecer dos amigos normales y corrientes, porque sus amigas también venían con nosotros, sin contar con que nunca íbamos juntos a ningún lado. Ella y yo cogimos hoy un camino diferente para volver, la acompañé hasta su puerta. Su residencia era enorme, estaba justo al final de la calle, destacando entre las demás de alrededor. Tenía unos ventanales enormes dejando ver el interior de su casa. Su puerta era de un color grisáceo metálico, era de una madera muy robusta decorada con gran cantidad de remaches y ún llamado de hierro con forma de mano.  Una vez allí, al estar solos de nuevo, me cogió de la mano sin yo ni siquiera habérmelo esperado, dijo que estaba sola y si quería entrar a comer. Acepté encantado. Ya dentro del domicilio, me llevó a su habitación y al cerrar la puerta, nos pusimos a hablar.

-Landom, quiero hacer una cosa que jamás he hecho con nadie - Me dice mientras me coge de la mano derecha acariciándola suavemente con la suya.

-Cristal... ¿No crees que es pronto para hacerlo? - Le digo muy preocupado con una voz entre cortada.


-No es eso idiota, quiero ver una película contigo, los dos acurrucados, cubiertos por una manta.- Me abrazó por el pecho, tirándome directo a su cama, sin poder resistirme.

-Dime qué película vemos, y la ponemos en el DVD.

-Quiero ésta.- Dice señalando una de miedo.- Me encantan las que te pegan sustos, porque así podré abrazarte y sentirme segura.


Encendió la pantalla, insertó el disco y acabamos viendo la película los dos tumbados en la cama, con las luces apagadas y las persianas echadas; el cuarto totalmente  a oscuras. Se tiró encima de mi brazo, y yo, viendo la película incómodo a causa de que mi brazo se estaba quedando dormido. Ella se asustaba siempre que pegaban un grito o aparecía un muerto de repente. Cuando la película había terminado, se dió la vuelta y empezamos a besarnos. Así durante una media hora más o menos. Poco a poco, ella se estaba adormilando, hasta que por fin, cayó rendida. Para no interrumpirle el sueño ni nada por el estilo, salí de la cama con cuidado, bajé a la cocina y estuve preparando una pequeña merienda un tanto peculiar: en un plato tenía unas ricas crêpes con chocolate blanco untado por encima, otro con una tarta pequeña de dulce de leche y finalmente, un vaso de horchata. Si de algo estaba seguro en ese momento, es de que dejé la cocina hecha todo un estropicio. Así que me dispuse a limpiar todo aquello antes de que se despertara por cualquier razón. Al menos se despertará con ganas de comerse hasta el plato, gustándole mucho aquel detalle, nada más terminar todo, cogí mi mochila, me la llevé a los hombros, salí por la puerta principal y fui directo a casa.


Una vez que llegué a casa, me senté en mi cuarto, en la esquina; a llorar. Este mundo era difícil para mí, estaba prácticamente solo, sin ayuda de nadie ni apoyo de ninguna de las maneras; todos mis sueños tirados a la basura. Mis padres se fueron a un lugar mejor hace bastante tiempo, jamás tuve amistades por miedo a contarles secretos íntimos y que al momento me dieran de lado como si fuera un juguete que ya no funcionaba, que estaba roto; al igual que mi futuro. No sería la primera vez que me pasaba, de chico tuve problemas en la escuela. La sensación de inutilidad en el mundo me llevó persiguiendo años y años, desde que tengo conciencia, sin lugar a dudas. En absoluto me gustó el mundo y su forma de tratarme, pero había algo que me unía a todo esto. ¿Sería la escritura? ¿Tal vez el arte? Nunca lo supe, ni tuve intención de ello. Creía que de las pocas cosas “positivas” que le encontraba a estar solo en casa, era poder ser mi propio jefe, poder decorar mi casa a mi gusto, traerme a quien yo quiera, etc. Pero la duda siempre fue la misma: ¿a quién? Si no tenía a nadie, no servía de nada. Una sociedad sin gente, un desierto sin arena, una lágrima sin sentimiento, una llave sin cerradura... Eso sí, para poder mantenerme, tenía que trabajar muy duro los fines de semana como mecánico en uno de los talleres del polígono, al fin y al cabo, todo esfuerzo daba sus frutos, o eso dicen. Esperaba poder saltar este obstáculo de mi camino que es mi vida. Además, al tener una relación con Cristal, aunque para sus amigos fuéramos unos simples compañeros, de momento. Creía que podría entablar amistades con ellos, y así, no tener como única compañía a mis libros y la música.

Al mirar por la ventana, y ver que se había vuelto de noche, las luces de las farolas estaban encendidas y las estrellas resplandecían en el cielo negro. Creía que era más que obvio el tener que ducharme, para así estar más tranquilo e intentar tener una noche más apacible o al menos intentarlo. Una vez fuera de la ducha, miré mi teléfono móvil; tenía una llamada perdida, como no, de ella. Supuse que se habría despertado al ver aquel mensaje. Esperaba que hubiese disfrutado bastante con el pequeño guateque, además de que se lo pudiera comer sin problemas; ya que una vez me dijo que le encantaba todo lo dulce. Sinceramente, creo que la última vez que cociné con tanta dedicación fue en la comida del funeral familiar. Supuse que era porque ella fue especial. De una manera u otra, le había dado color a mi triste forma de ver todo el mundo, no todo el que uno deseaba, pero por algo se tenía que empezar.


¡Oh! Acababa de recibir un mensaje de Cristal: "Me ha encantado la merienda, en serio. Lo único que falta es que estuvieras tú". Dios, la verdad es que  aquel mensaje me hizo reir como un tonto. Recordé que día era, así que fui a coger la mochila e irme como todos los viernes de madrugada, al cementerio. Abrí la puerta de casa, hacía un frío aterrador, cada paso que daba congelaba más y más mis pies, el vaho ascendía por el aire mientras yo bajaba calle abajo. Todo estaba desolado, no había ni un alma por ningún lado, a pesar de haber atravesado casi todo el pueblo para ir hacia el sacramental. El cual, tenía  la verja de la entrada abierta. Andé cauteloso, por si acaso molestaba a alguien que rondara por allí cerca rezando a sus difuntos. Vi las lápidas de mis progenitores: "María Oiseaux (1969-2010) y Lucio Marín (1967- 2010). Fallecidos por accidente de tráfico". Al verlas recordé aquel día:


Íbamos los tres muy felices de camino a Málaga, para ver a mi nueva sobrina, Marina. Que es la hija de mis primos. Estábamos hablando de cómo creíamos que sería ella, si era gordita, muy chica, blanquita, morena, etc. Veíamos que los coches se cambiaban rápidamente del carril hacia la derecha, haciendo sonar el claxon. Yo me preguntaba el porqué de esos movimientos tan extraños de los conductores. Al momento vi cómo un coche rojo se dirigía directo hacia nosotros, de frente. Un conductor kamikaze yendo en dirección, no sabía qué hacer, el tiempo se paró por un momento, viendo a mis padres gritar del miedo que les provocaba la situación.  Solo supe agacharme y cubrirme tras el asiento rápidamente. Al mismo tiempo, mi madre giró el , para así intentar evitar la colisión. Lo cual provocó que nuestro coche empezara a dar vueltas de campanas sin cesar, el otro coche no nos dió, pero al haber recibido tantos golpes del arcén, mis padres murieron por graves golpes  en la cabeza y el cuello. Al abrir los ojos, yo estaba tumbado en un hospital. Inspeccioné todo mi cuerpo, dando con una herida enorme en mi brazo izquierdo, del que me tuvieron que coser la carne, en total; veintisiete puntos. Justo al vérmelo, vino un médico bastante anciano a darme la amargante noticia sobre el resultado del siniestro.

Cada noche, soñaba con aquel momento, siempre igual. Hasta haber llegado a tal punto de no dormir apenas, siempre he necesitado ayuda de profesionales, como psicólogos, traumatólogos...  Después de terminar de recordar la amargante experiencia, cogí una espátula de mi mariconera y empecé a quitar el musgo que tenían las tumbas al estar en un lugar húmedo, dejé caer el ramo de flores allí tendido y me empecé a orar de rodillas unas frases de culto hacia ellos. Al terminar, besé cada una de las amapolas que había en el ramillete. Me fui de vuelta a casa, al llegar, me puse a pensar en qué hacer este fin de semana, ya que tengo que trabajar diez horas. Contando también que me gustaría darle una sorpresa a mi... Novia. Aunque no sé realmente la manera de hacerlo. Me tiré directo al sofá desde las escaleras, encendí la televisión, conecté la nueva computadora y empecé a ver una serie nueva que habían sacado hace poco, para así coger sueño.
Después de varios capítulos y de estar helado, fui al sótano, notaba cómo crujían algunos escalones, normal, eran de madera y tras un tiempo; se resiente. Encendí la luz y cogí una manta. Volví a mi cuarto y me tapé con el edredón de la cama, incluyendo la frazada que anteriormente saqué del subterráneo de la vivienda. El reloj marca las cuatro de la madrugada, será mejor que intente descansar para mañana.

lunes, 29 de abril de 2013

Capítulo 1- El comienzo de las vías.


                    

Hoy, 18 de Marzo del 2013, hace ya tres meses desde que recibí la petición de amistad de “Aeris”  en Slasher, sí, esa red social de la que todo el mundo habla. Desde el primer momento en el que hablamos, parecía que no podíamos parar de estar en contacto el uno con el otro, nos cogimos bastante cariño en muy poco tiempo, como si se tratara de una película. Ella siempre escribía de una manera muy delicada y usando muchos puntos suspensivos, dando a entender que es una chica muy tímida. Era empezar el día y ya tener ganas de que terminara el instituto, no por el hecho de que no me gustase estudiar, sino que al llegar a casa, podría hablarle hasta que me muriera del sueño. Uno de los puntos negativos de nuestras conversaciones es el no saber nuestros nombres, porque es una norma que impuso la susodicha web. Durante todo este tiempo, he aprendido y conocido multitud de cosas sobre ella. Por ejemplo, me contó que pasa malos ratos en el instituto por un chico de su clase, con el cual siempre se está peleando. No paran de discutir y por ello, Aeris está harta del chico.


Hace poco, cambiamos la forma de hablar en la web. El método consistía en hacer al otro una serie de preguntas, para así ver cómo o de dónde era. Anoche descubrimos que vivimos en el mismo pueblo, lo cual es muy interesante ya que solo hay un instituto. Las conversaciones se volvieron más interesantes, ya no era la necesidad de hablar con ella, sino saber en qué curso está, cómo es y por qué nunca me había dado cuenta de alguien así. Toda la gente del pueblo es absolutamente igual:  son muy pijos todos o pasan totalmente de atender en clase y solo saben molestar a los demás, volviéndose en una molestia.


Hoy mismo dijimos que mañana nos podríamos revelar nuestras edades, además de decir el conjunto de la ropa que habremos usados, para así intentar averiguar quién es la persona que se esconde tras la pantalla. Sinceramente, creo que es la primera vez que me preocupo tanto por saber algo tan básico como la cara de una chica, según los libros y las películas se trata de amor, pero pueden estar equivocados. Respecto al amor... La gente siempre comenta que si alguien es fea, bajita, gorda y otros defectos, no debes de salir con esa persona; por el simple hecho de que si no te atrae su cuerpo es por alguna razón, siendo incompatible con el amor. Pero en mi opinión, creo que lo que verdaderamente enamora de una persona es su capacidad de hacerte sonreír día a día, notar que se preocupa por ti, que te apoye en tus momentos malos y te ayude a superar los problemas del día a día. Si tiene esas cualidades, la chica es perfecta; al menos para mí.


Después de que ella se desconectara del chat, apagué el ordenador y me puse a hacer la cena. Todos es tan diferente tras la muerte de mis padres que a veces me resulta aterrador el hecho de tener que enfrentarme al mundo yo solo, nunca me hubiera llegado a imaginar la manera que tiene el universo de ser justo con todas las personas. Me dispuse a cenar, me senté en el sofá y encendí la televisión, estaban echando un partido de fútbol. Cuando ya estaba a punto de caer rendido del sueño en la cama, me puse a pensar cómo conoceré a Aeris. Sé que es algo muy difícil de imaginar, que me hago muchísimas ilusiones pero si de algo estoy prácticamente seguro, es absolutamente perfecta, una chica sin igual. De momento, el único fallo que le he encontrado es no poder ponerle cara a su rostro. Se me hizo un nudo en los pensamientos, apenas salían de mi cabeza por más que lo intentaba. Para despejarme, decidí coger mi tabla e irme unas horas a patinar, desconectar del mundo y perderme dentro de mi mente para hallar respuestas a preguntas olvidadas.
Bueno, ya es de día y con gran entusiasmo de ir al instituto. Obviamente no he dormido en toda la noche por estar escribiendo pequeños relatos de terror y por haber salido a las 3 de la mañana surcando las carreteras de las afueras del pueblo. De camino al centro voy con los cascos puestos escuchando Aerosmith. Notaba cómo las piedras de la calle se clavaban en mis zapatos, sumándole el frío que hacía esa mañana, pues andaba bastante incómodo. Las calles eran preciosas, pasaban muchos caballos, haciendo resonar el choque de la herradura con el suelo. Un sonido capaz de despertar a cualquier muerto. La gran vía siempre estaba llena de estudiantes que se dirigían a dar clases. Delante de mí había un grupito de las típicas niñas pijas de la clase, siendo casualidad, que eran compañeras mías: Paula, Alicia y Cristal. Todas llevaban una camiseta blanca y una falda azul. No paraban de cuchichear mientras se reían constantemente. Al principio no eché cuenta, pero luego me dí cuenta que se reían de mí; tenía clavada una pluma a mi camiseta. A la última de las colegialas no soy capaz de soportarla en clase, siempre está echándome en cara o riéndose de mí si hago algo mal. Sin lugar a dudas, yo apenas pasaba del tema, creando discusiones y peleas en clase todos los días.

Llegué al aula, me puse en la esquina de la pared, en la última fila y saqué bolígrafo y papel para empezar a tomar apuntes sobre lo que trataba de explicar el profesor de Ética. Me estaba quedando dormido en clase, algunos compañeros me miraban de vez en cuando y sonreían al notar que poco a poco cerraba más los ojos. El timbre del recreo me despertó, salí al patio, cogi el móvil y me dispuse a hablar con Aeris. Me dijo que ella estaba en el instituto San Blás y que su edad era dieciséis años. Empecé a dar vueltas por todo el recinto mirando a todos los alumnos de mi clase hasta llegar al baño y echarme agua en la cara. Me estaba poniendo muy nervioso porque es del instituto y sólo hay una clase por curso, lo que significa que ella está en mi clase; pero ¿quién será? Acaba de sonar el timbre, así que fui a clase y actué como siempre, y veré si me fijo en cuál de las chicas de la clase se trata. Al entrar, dejé la mochila encima de la mesa para poner el móvil sin ningún tipo de problemas y ver si se conectaba y saber quién de la clase tenía el móvil encendido. Nada, no se conectaba así que seguí escribiendo en mi cuaderno mis ganas interminables de conocerla tal y cómo sería.
Al llegar a casa, me encontré con un mensaje en el ordenador, era de Aeris: “Hoy en clase parecías preocupado ¿qué te pasa?”. Dios, ella sabía quién era yo, no puede ser... Y yo seguía aquí muriéndome de curiosidad por saber quién es. Después de comer me conecté para hablar con ella y entablamos una conversación:


- Perdona Aeris pero ¿cómo supiste quién era yo?- le pregunté algo nervioso.


-Fue fácil, eres el único chico en clase con un móvil que tenga internet.


-Si sabes quién soy, por favor di mi nombre.- Yo ya estaba asustado, no por miedo, sino porque me daba mucha vergüenza que alguien sepa que estaba interesado por ella. <<¿Y si se lo cuenta a sus amigos?¿O si tiene novio y me parte el corazón?>>.


- Hola Lándom, soy yo, tu compañera de clase. Si quieres verme, por favor ven mañana al aula de clase en el recreo, para que así podamos hablar con total seguridad. Un beso. Aeris.


Yo me he quedado a cuadros con ese último mensaje. <<¿Cómo pudo actuar con tal naturalidad mientras yo estaba con el corazón a punto de estallar?>>. Total, que para relajarme un poco me escuché algo de música y me dormí hasta la noche. Hoy no podía hacer otra cosa, le daba vueltas a la conversación sin cesar y sabía que si hubiera continuado, todo aquello en lo que creía habría acabado mal.


Me acababa de despertar, son las tres de la madrugada. Salí al balcón, el aire soplaba tan fuerte que me quitaba la gorra de la sudadera de la cabeza, el frío es incesante y noté cómo corta mi piel, haciendo que no la sintiera. Me quedé allí, vigilando a la ciudad, descubriendo los secretos que salen entre murmullos de callejones oscuros, cómo los sueños volaban hacia las estrellas creyéndose tener alas, para tener la ansiada libertad. Poco a poco, las luces de las casas se iban encendiendo. Yo no paraba de seguir rayado por su forma de descubrirme, lo ha conseguido tan fácilmente y yo seguía aquí sin saber quién es, porque hay cinco chicas en mi clase que puedan conectarse desde el móvil: Marta, Paula, Cristina, Alicia y Cristal. Cristal queda descartada, ella nunca demuestra sentimientos verdaderos, es fría como el hielo y corta más que una katana de Hattori Hanzo. Mi intriga aumentaba por segundos, pero mi tiempo pasaba lento y dolorosamente, sin ningún remedio que un humano pudiera crear.


Vi que el reloj marcaba las ocho de la mañana, era hora de ir a la cárcel con educadores y sin rejas, solo quería descubrir quién era realmente Aeris. Al llegar al aula, me senté donde siempre, pero al apoyarme, noté cómo algo abultaba debajo de mis pantalones; era una nota que decía: "Si realmente estás tan interesado en saber quién soy dame una razón PD: Escucha las redacciones". Esas redacciones son las que teníamos que hacer para lengua, y ahora le tocaba a Cristal salir a la pizarra a decirla en voz alta:


- Mi pareja ideal sería alguien un poco gruñón, de ese tipo de persona que por fuera sea una roca y por dentro, tan dulce como un simple bombom de licor. Alguien que sepa diferenciar el bien del mal, de lo justo y lo injusto, que sepa apreciar los detalles de cualquier momento; que lea mucho. El que te demuestra que le importas y sabe lo que te pasa con un simple saludo, del que te enamore con una mirada. Esa sería mi pareja perfecta, además que se llame Ángel Thunder".


Se me paró el corazón al escuchar ese nombre, miré hacia la pizarra y allí estaba ella;Aeris ¿ó debería decir Cristal? Estaba sonriéndome mientras se sonrojaba, como una niña chica a la que le gusta un chico y le preguntan sobre él. Además, poca gente, por no decir nadie, sabía que en Slasher me llamaba Ángel Thunder, y tenía por seguro que nadie de la clase excepto ella lo sabría. Así que, sin lugar a dudas, Cristal es Aeris. Jamás me imaginé que la chica con la que yo discuto día a día, a grito pelado, llegaría a ser la misma que me robó el corazón mientras me creaba sonrisas sin cesar a través de una pantalla. Yo estaba apretando las manos sin cesar, no podía aguantar las ganas que tenía de ir a ella, besarla y empotrarla. A los pocos segundos sonó el timbre, miré a Cristal y le dije:


- Cristal, espérate un momento por favor.- Le dije con un tono serio.


-Vale, no hay problema, además tenemos todo el recreo ¿no?- Me dice con una sonrisa picaresca.


- Pero ¿desde cuándo sabes que soy yo?- Le pregunté de un modo temeroso.- Porque yo no lo he sabido hasta el momento que dijiste mi nombre de Slasher.


- Pues desde que nos dijimos que éramos de Aracena. Landom, no hay nadie que se exprese como tú en este pueblo, es algo muy fácil de ver.


En ese momento me decidí, me fui hacia ella y la besé en los labios, dejándola con la palabra en la boca. Le cogí con las manos por la cintura a la vez que ella me rodea el cuello con sus brazos. No paramos de besarnos durante varios segundos. Al final, nos separamos.


-Llevaba mucho tiempo esperando que lo hicieras, pero... Hay un problema.- Me dice mirándome a los ojos asustada.


-¿Cual?


-Que nunca se me dieron bien los chicos, pero contigo quiero que sea especial. Así que, por favor, salgamos un tiempo en secreto y cuando la relación sea segura; lo hagamos público. Es que tengo muchísimo miedo de que la gente intente fastidiarnos la relación, porque creo que nos ha costado mucho trabajo y tiempo, con mucho misterio de por medio, pero costoso al fin y al cabo.


-Claro Cristal, no hay problema, pero yo también pongo una condición: que no nos distanciemos tanto como hemos estado siempre.




Caminante de Raíles - Prólogo.


                  Prólogo


Huele a primavera, a bosque. Hacía ya bastante que no iba al norte, pero las graves circunstancias en las que se halla mi madre me obligan a ello. Sid, mi mejor amigo desde la infancia, me habló de que hacía poco había quedado un buen piso libre en el centro de Aracena. Yo quería mudarme a la ciudad, sitio lleno de coches y entretenimiento donde seguramente haría más amigos, pero por alguna extraña razón, me atraía más la idea de irme al pueblo. Yo nunca he sido chico de campo, pero esta vez siento necesidad de irme a un lugar apartado.
-Señor, ¿se encuentra bien? – me pregunta una humilde señora.
No me había dado cuenta de que habíamos parado, y ¡qué raro! suelo darme cuenta.
-Sí, sí, no se preocupe, solo estaba pensando.
Lo primero que veo al bajar del tren es a Sid. Alto, delgado y con el pelo alborotado, levanta la vista de su IPhone y me saluda haciendo señas y dando gritos para que me acerque. Hacía años que no lo veía debido al trabajo. Sin duda no ha cambiado.
-¡Eh, cabroncete! Deberías haberme avisado de que te habías dejado barba, de haberlo sabido te habría traído una maquinilla, ¡estás que das pena! – confiesa sin un ápice de vergüenza.
-Tú siempre tan sincero… ¿Cómo va todo por el pueblo Ese?
-Las cosas van bien, nada del otro mundo. Te he encontrado un piso perfecto, es pequeño, pero supongo que no te quedarás mucho tiempo.


Cuánto más hablamos más pienso que he hecho bien en venir. Pasamos unos minutos hablando y me monto en el coche mientras Sid compra unas cosas en la estación. Estamos en un sitio bastante extraño, los trenes pasan muy frecuentemente pero pocas personas salen de ellos. Observo las vías. Están sucias, oxidadas y rayadas debido al roce de las ruedas. A la izquierda hay un ramo de flores, justo al lado de las vías. Se me hace raro, no me había percatado de el antes y eso que resalta bastante tanta variedad de color en un sitio gris como la estación. Supongo que debe estar ahí por algún accidente de tren en el pasado. Sid aparece y rompe el silencio y con el mis pensamientos.
-Bueno, ¿preparado para vivir en el pueblo? – me pregunta.
Y yo no sé qué responder, no sé si me acostumbraré a la vida en el pueblo.
-Sí, o al menos eso espero.
Sonrío. Sonreímos. Y nos adentramos en una carretera pequeña que nos da la bienvenida a Aracena.
-Ea, ya estás en tu nueva casa – me grita emocionado Sid.
-Sí, ya veo… No me dijiste que estaba amueblada y decorada, ¿no se llevan sus cosas? Aquí hay fotos y papeles.
-No lo sé tio, recuerda que yo vivo en el pueblo de al lado, no tengo ni idea de quién ha vivido aquí pero desde luego tenía buen gusto.
Abro el frigorífico y meto un paquete de cervezas que ha comprado Sid por el camino. Nos sentamos en el sofá y enciendo la tele, no hay nada interesante así que miramos si hay películas guardadas. Encontramos unas cuantas de bastante mala calidad,  probablemente pirateadas, y nos decantamos por la que parece más reciente. Encendemos el reproductor de DVD y para nuestra sorpresa, ya hay un DVD dentro. Es una película de amor bastante antigua.
-Tío, ¿esto no es un poco raro? ¿Por qué no han recogido nada de la casa? ¿Tendrá alguna plaga o algo?
Empiezo a preocuparme, Sid se ríe nervioso y empieza a mirar a todos lados.
-No creo, el piso está en muy buen estado y en el contrato no sé mencionaba nada de plagas, imperfectos o cosas sobrenaturales.
-Más te vale no haberme alquilado un piso encantado, ¡eh!
Nos reímos. Le damos al play y empezamos a criticar las películas amorosas con argumento pobre.
Se acaba la película y acabamos llorando los dos. Seguramente si la hubiese visto con otra persona no habría llorado y me habría reído de las desgracias de la protagonista pero, por suerte, Sid es mi mejor amigo y no me da vergüenza llorar delante de él.
Nos levantamos y abrimos unas cuantas cervezas, se nos hace de noche pero el hecho de no haberlo visto en años hace que le invite a quedarse hasta tarde. Empezamos a hablar sobre la casa y sobre lo extraño que es que el propietario/a  no haya recogido nada. Según Sid, la gente del pueblo es muy simpática y nadie huiría por su culpa. El dice que se rumorea que el propietario huyo de la casa un día sin dar explicaciones, pero claro, eso es un rumor.
Decido salir de casa y preguntarles a mis vecinos por el anterior inquilino que vivió en esta casa, pero como llevo siete cervezas y una pizza peperonni gigante entera, Sid me lleva al sofá y me dice que mejor me quede tranquilo. Replico, el alcohol no tiene  efecto sobre mi pero cuando lo digo me da un mareo y casi que me orino encima. Mi amigo se ríe y empieza hablarme de que mi vecina se parece a un “furby”, creo que a él le afecta mucho más el alcohol. Le invito a quedarse en casa esta noche pero antes de que termine la frase ya se ha dormido. Me río, cojo un cojín y me quedo dormido en el suelo.                                          
Me despierto asustado. Es mi tercera noche en el piso y de momento no he dormido bien ni una sola vez. El apartamento no está mal, no es frío ni tenebroso, al contrario, es acogedor y juvenil. El antiguo propietario debió ser un adolescente o una familia con adolescente ya que la decoración es muy moderna y divertida. La cocina tiene pintados pimientos y tomates en las paredes, y el salón es blanco entero, con sofás de tapicería graffiteada. Mi habitación, la única en la casa, tiene un ventanal bastante grande y varías fotos colgadas que probablemente olvidaron recoger. Decido levantarme y me pongo a cotillear, por así decirlo, entre la estantería del que antes dormía aquí.
Hay varios libros de instituto y algún que otro cómic. No parece interesarme ninguno, así que los dejo en su sitio y al hacerlo, me doy cuenta de que hay uno que no había visto antes. Es blanco entero y está pintarrajeado por delante y por detrás. Parece haber sido usado durante bastante tiempo, y ahora que me doy cuenta, no es un libro, es un diario. Intento abrirlo pero tiene llave, así que me concentro en buscar la llave. Paso así cosa de media hora hasta que por fin encuentro la pequeña llave en uno de los cajones de la mesa de estudio. Meto la llave en el pequeño candado. La giro. Abro el diario. Leo: