Esta noche soy incapaz de dormir, no es como las demás. En esta, estoy deseando ir a trabajar, porque luego tengo toda una semana de vacaciones por la Semana Santa. Además, hoy tiene que venir el paquete que pedí hace una semana sí o sí, estoy seguro que le encantará a Cristal. El reloj marca las ocho menos cuarto, creo que debería ir yéndome.
Ya he salido de este agotador día, estoy muy sudado y hace mucha calor, normal, Ya estamos en Abril. Voy a ir avisando a Cristal para que se venga a mi casa, así ella puede ir almorzando mientras yo me ducho. Voy a su casa, una vez en la puerta, ella abre la entrada justo antes de que llame. Llevaba un pantalón corto vaquero, de estos que se llevan últimamente; una camiseta blanca con letras negras que pone:"My boyfriend is stupid". No sé si tomármelo como una indirecta o no, pero de todas maneras, ella estaba guapísima, además llevaba un pequeño macuto azul, el que te regalan con los paquetes de ColaCao, para variar. Mientras nos dirigimos a casa, me paré un momento a pensar y empecé a hablar con Cristal:
-Cariño ¿serías tan amable de ir tú a mi casa y empezar a almorzar? - Le digo preocupado al ver que casi se me olvida recoger la sorpresa - Es que se me han perdido los auriculares del móvil, seguramente me los haya olvidado en el taller.
- Anda vete corriendo a buscarlos, ¡eh! - Me dice mientras me mira con cara de antipática - Que luego con las tonterías, perdemos el bus.
Iba corriendo lo más rápido que mis piernas me dejaban, un poco más y se me saldrían los pulmones por la boca. Al llegar al taller, allí estaba, una caja de cartón el nombre de Landom Marín Oiseaux. El paquete era más largo de lo que me imaginaba, además de que ha venido con varios días de retraso, un poco más y todo se va al garete. Hoy es el cumpleaños de mi novia y por ello, le dije que pasaríamos un fin de semana romántico en la playa. Cuando llego a casa de recoger el paquete, lo guardo en el maletero de mi nuevo coche, un Audi A6. Me lo he conseguido a un buen precio en una feria de automóviles, además; está impecable. Cristal me oye al entrar, porque la puerta de la entrada es de vidrio y suena demasiado.
-Landom ¿eres tú?-Me pregunta desde la segunda planta.
-No, soy un secuestrador- Le respondo de manera burlona.
Me meto en la ducha mientras ella hace los bocatas y las bebidas para la playa. Al terminar, me dispongo a guardar todo el equipaje en el maletero, para que así ella no vea nada. La nevera portátil con el tinto de verano y los bocatas de pollo empanado irán en los asientos traseros, junto a la sombrilla y mi longboard. Son ya las tres de la tarde y nos disponemos a salir de una vez. Pongo la radio, con música, para hacer más entretenido el trayecto, si no, alguno de los dos vomitaría, porque el camino está repleto de curvas.Están siendo unas horas muy largas, Cristal se ha quedado dormida escuchando la radio. Ya estamos llegando a Punta Umbría, se ven los hoteles cercanos a la playa y los cuatro edificios más altos del pueblo, en uno de los cuales está el piso en el que nos quedaremos hoy y mañana. Al llegar al aparcamiento, sacamos las cosas del maletero y de los asientos traseros del coche. Cristal, al ver el paquete, empieza a preguntarme:
-Landom ¿qué es ese paquete? - Me dice mientras lo coge para llevarlo al piso.
-Tú tranquila, cuando dejemos las cosas en la casa, te doy el regalo. Te lo prometo.
Abro la puerta del piso, y justo al ver todo aquello, me quedo alucinado, sin palabras; por cómo era todo aquello: tiene una televisión de plasma, que está puesta en un mueble en el que hay varias consolas para jugar. Los sillones son de cuero rojo y blanco, hay una mesa de cristal en medio de la habitación. Los muebles eran de un blanco con tono lechoso, repletos de libros y carcasas de DVD. El suelo es de tarima flotante y, para no dañarlo, debemos ir en calcetines por la casa. La cocina está totalmente amueblada, tiene una gran encimera, justo debajo está el horno, tiene también una plancha integrada; todo esto en un mueble de mármol. Las habitaciones están bien iluminadas por tener grandes ventanales corrideros, tiene una cama de matrimonio y unas mesitas de noche en los laterales.
Cristal está muy impaciente, va corriendo al salón y abre el paquete con entusiasmo:
-¡Un longboard!- Grita ella dando botes de alegría- No sé como agradecértelo Landom, eres el novio perfecto. Pero, yo no sé patinar...
-Por eso no te preocupes, yo te enseño a patinar esta noche, como regalo de cumpleaños ¿vale mi vida?- Le digo para que se tranquilice un poco -Bueno ¿te apetece ir a la playa? Que tiene muy buena pinta.
-¡Vale! me pongo el bikini y nos vamos.
Bajamos del piso y ya se ve el mar, todo huele a esa brisa marina, tan fresca y suave. Te abre los pulmones y me entran ganas de salir a correr hacia el agua y tirarme de cabeza. Una vez en la arena, noto como los granos me hunden los pies y me cuesta andar poco a poco. Cojo de la mano a mi novia, ella me mira sonriendo, se le notaba muy feliz, en este momento me he dado cuenta que todo el esfuerzo que he hecho durante meses, ha merecido la pena. Verla feliz es mi meta en esta relación, y por fín veo que ha dado sus frutos.
Dejamos las toallas en la arena, la nevera con la comida y pongo la sombrilla. Cristal se quita la cuerda de la parte de arriba del bikini para que le eche crema. Le vuelvo a atar el nudo para que no se le vea nada por delante y esté bien agarrado.
Nos ponemos a jugar en el agua, se tira encima mía, la ahogo, me lanza arena, se sube a mis hombros... Vamos, lo típico de una niña juguetona. Hemos acabado agotados así que será mejor irnos un rato a la toalla. Así cogeremos un poco de color. Después de haber estado allí unos tres cuartos de horas tumbados, nos dirigimos a casa.
Una vez allí, me meto en la ducha. Cristal entra sin llamar, se desnuda y entra en la ducha. Empieza a besarme sin parar, de una manera suave y a la vez apasionada. La empotro contra la pared y noto como su respiración va acelerándose poco a poco. Bajo la mano y meto poco a poco el dedo corazón y el dedo anular entre sus labios. Me muerde el labio fuertemente indicando que muere de placer. Ella se pone mirando a la pared, resopla poco a poco, cierra los ojos y empieza a gemir suavemente mientras yo estoy detrás agarrado a su cintura bajo el agua de la ducha. Una hora después, nos secamos, vemos por la ventana que ya era de noche y no pasaba nadie por la carretera, así le digo que es el momento idóneo para patinar.
Una vez en la carretera, le digo que debe de poner la pierna izquierda en la parte superior de la tabla, impulsarse en el suelo con la derecha y, cuando tenga un mínimo de velocidad; poner los dos pies en la tabla. Al principio se cae mucho, pero al yo sujetarle las manos, va ganando confianza poco a poco. Al respecto, le digo que se quedara en la tabla sin impulsarse, que ya le empujo yo. Para que así, mantenga el equilibrio y no se caiga. A la media hora, por fin está preparada para patinar decentemente y girar sin problemas, así que cogí mi long y me fui con ella por carreteras abandonadas de los pueblos cercanos que estaban abandonados.
Llevamos dos horas por aquí y por allá sin parar, creo que es hora de volver y dormirnos. Ya le he hecho el mejor regalo que pude hacerle por su cumpleaños, estoy más que satisfecho.
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