miércoles, 1 de mayo de 2013

Capítulo 3 - La unión de carriles

           

            Lo que quedaba de la semana se me ha pasado demasiado rápido. Cristal y yo hemos intentado mantener las distancias en todo momento, pero quiera o no, soy demasiado impulsivo y se me escapan cosas. Sinceramente, me ha resultado muy difícil. Solo quiero escucharla, besarla, estar con ella un rato y hacerla feliz, tampoco pido demasiado. Lo malo de todo esto es que nuestra relación debe ser en secreto y lo hace casi imposible. Aunque merece la pena, es una chica fantástica. Ahora mismo estoy sentado en las escaleras del taller esperando a que Sid, mi jefe, salga del servicio para poder pedirle si me deja irme un poco antes. No ha habido mucho trabajo así que supongo que va a dejar que me escape una hora antes. Estuve jugando un rato con el móvil a varios juegos que tenía instalados para hacer que el tiempo se me pasara algo más rápido. Por fin salió del servicio <<maldito meón>>.


- Bueno, ¿qué querías decirme, tío?- Puso su mano en mi hombro.- Dime que no es que no sabes arreglar aquel golf de allí.

- No, no es nada de eso. Si es demasiado fácil, cualquiera sabe cambiar una válvula ¿no?- Reímos juntos haciendo ver que la broma cayó bien.- Es simplemente que me gustaría salir hoy antes ya que tengo que ocuparme de varias cosas de la casa y tal. Ya sabe cómo son los bancos de pesados...

- Pues claro, además no es que haya hoy gran cosa, no se estropean apenas coche, no entiendo qué pasa. Anda, tómate el resto del día libre, pero no lo tomes como una rutina. Es solo porque tienes papeleo ¿vale?

- Muchas gracias, señor.


         En ese momento me voy a cambiar la ropa y a salir directo a mi casa. Le he preparado una sorpresa a Cristal y no puedo esperar a verla, estoy seguro de que le gustará.


        Ya son las tantas de la madrugada, estoy tan vago que apenas me he preocupado por saber la hora. Estoy sentado en el balcón viendo cómo poco a poco se van apagando una a una las luces de las casitas de este pequeño pueblo. Suspiro fuertemente mientras veo como el vaho escala el aire gélido de la noche. Tampoco paraba de recordar su sonrisa al ver lo que tenía preparado. Nada más salí del trabajo fui a buscarla con el coche. No la había avisado pero supuse que no estaría ocupada, ya que Aracena está muerta los días de invierno, como supuse: se encontraba en casa. Estaba impresionante, y eso que solo llevaba unos vaqueros desgastados y una sudadera de los Celtics. Me saludó alegre con un abrazo, rodeando mi cuello con sus brazos, yo le respondí con un beso dulce pero corto. Duró lo suficiente para que me diese un vuelco al corazón y me temblase todo el cuerpo. Le dije de ir a dar una vuelta por el pueblo, aceptó.


         La paseé por miles de carreteras, el coche derrapaba un poco ya que la carretera estaba helada y tenía nieve. Cada vez que deslizaba un poco, ella se abrazaba fuertemente por el miedo. Teniéndola tanto tiempo en mi brazo, era un poco difícil manejar la dirección, pero eso no me importaba mucho en ese momento; ella estaba feliz y a la vez un poco asustada por coger curvas a tanta velocidad. Al final llegamos al sitio que quería, teníamos que cruzar por un pequeño carril de piedras, albero y ramas secas; este camino conducía a una explanada de césped verde esmeralda, rodeada por pinos y un riachuelo lo bastante limpio como para bañarse en él. Allí le tenía preparado un picnic con la típica mantita roja y blanca a cuadros con una cesta llena de dulces que sabía que le encantaban. Tarta de queso, galletas con pequeñas bolas de chocolate blanco con leche y lo que más me gustó; fresas con nata. Estuvimos riéndonos durante horas y nos dimos de comer mutuamente, esto se me hizo un poco empalagoso pero para ser sincero, no estuvo nada mal. Sus besos sabían a gloria a pesar del pequeño banquete. Después de comer nos tumbamos juntos y empezamos a hablar sobre qué forma tenía cada nube.


- ¿Ves esa de ahí? ¡Parece un payaso sin dientes, qué asco!- Me gritó entre risas.

- Tú estás mal de la cabeza ¿eh? Eso es un perro con una peluca a lo afro ¿no le ves el hocico?

- No, no. Esa nube no tontorrón, ¡yo digo la otra que es tan fea!

- ¿Tontorrón yo? ¿Fea esa nube? Señorita Cristal va a necesitar usted un buen castigo por ser tan insolente.- Le dije en tono de profesor malhumorado mientras me miraba burlona.


         Empezó a darme patadas sin mucho éxito intentando que no la pillara pero para suerte mía, y suya también, la conseguí atrapar y con un solo movimiento la atraje justo encima de mí, la rodeé por la cintura y la besé intentando ahogar su grito de sorpresa. Su reacción fue tal y como la imaginaba. Al principio peleó como una niña chica intentando deshacerse aunque ella también quería y luego, se dejó. Se fundió en un roce de labios que quise que durase una eternidad. Pero no lo hizo, acabó separándose cuando mi respiración entrecortada coincidía con la suya. Le dí media vuelta, me puse encima suya y empecé a quitarle la sudadera y la camiseta poco a poco. Fue una sorpresa, se dejó arrebatar la ropa, eso era buena señal. Me cogió con sus manos y me quitó la camiseta, los dos con el pecho al descubierto y de repente me dijo: "Sigue, por favor". Le hice caso sin pensármelo por un momento, acabé quitándole el pantalón, puse la mano bajo sus bragas rojas. Metí los dedos delicadamente por su vagina, notaba cómo gemía y me mordió el labio a más no poder. Ella me quitó el pantalón del tirón, me dijo que le hiciera el amor de una vez. Me di cuenta que era virgen porque a ella le dolía un poco, empecé a hacérselo sin parar, gracias a Dios era en un lugar alejado del pueblo, porque nuestros gritos debían oírse desde bastante lejos. Ahora ella se puso encima mía, y empezó a besarme mientras se movía de una manera incansable, me mordisqueaba el cuello, yo no paraba de agarrarla. Acabamos a las dos horas, ella apenas podía moverse. Estaba rendida, sin duda alguna. Nos vestimos y empezamos a hablar sin parar toda la noche:


-En serio Landom, me ha encantado. No sé porqué no te conocí antes.

-Dios Cristal, no exageres, soy un chico como otro cualquiera- Le dije mientras le acaricié la cara suávemente- Además ¿quién dice que tú no me encantes?

-Landom, te quiero.


         En ese momento todo lo que había a mi alrededor paró, noté cómo todo me daba vueltas, el viento se paraba y mi vida cambió de un momento a otro.

-Y yo mi vida- le dije mientras la levantaba agarrándola por el brazo.


         Al terminar, los dos reímos con dulzura y de repente ella enmudeció. Estuvo dos minutos, que se me hicieron una vida, seria; hasta que al final sonrió y dijo que debía irse a casa o su padre se enfadaría. Así que la llevé de nuevo a su calle, dejándola justo en la puerta.


         Y aquí estoy, sonriendo como un imbécil y deseando, por primera vez en mi vida, que sea lunes para volver a clase . Bueno, creo que el día de hoy ha dado sus frutos. Al mismo tiempo me preocupo, ella ha perdido la virginidad conmigo y eso es muy importante ya que una chica de su edad haciendo tales cosas no es que sea muy habitual, eso asusta un poco, la verdad. Además es que nunca imaginé que llegaría a ser tan especial e importante para ella. Ahora que mi relación es mínimamente segura, creo que es hora de centrarme un poco más en los estudios y dejarme de tantas tonterías. Así podré estar bien en mi futuro, tener mejores condiciones de trabajo y podré pasar todo el tiempo a mis anchas con y quién quiera. Además, mis padres deben estar orgullosos de mí, estén donde estén. Ahora mismo lo que me preocupa es que ella no haya tenido problemas con su padre ni nada, tampoco creo que le vaya a dar mucha importancia a lo que pasó esta tarde, porque puede hacer que se coma demasiado la cabeza. Puede que esté durmiendo mientras sueña algo bonito.

         Encima yo sigo sin poder dormir nada, todo es tan pesado... Las noches son larguísimas y ningún tipo de remedio me hace efecto, ni infusiones, leche caliente... Bueno, algo sí que hace efecto. En ese momento cogí un papel de liar, saqué un cogollo de marihuana de dentro de una cajita que estaba debajo de mi cama. Migué la hierba con una pizca de tabaco y me hice un porro. Esto sí que hace efecto, me senté en la escaleras y me dispuse a fumar un rato.






No hay comentarios:

Publicar un comentario